Las huestes del emperador Qin

Estábamos deseando ir a ver  con nuestros ojillos a los guerreros de terracota. Como la señora Wang lo sabía, uno de nuestros días libres organizó una excursión para llevarnos hasta allí. El museo está en un enclave privilegiado a unos 30 km al noreste de Xian. Hay autobuses que salen desde la estación de tren pero nosotras fuimos en el cochazo de nuestra anfitriona, junto con su amigo el abogado (del que nunca supimos su nombre) y el nieto de éste.

La entrada cuesta la friolera de 20 euros. Según nos informaron sube cada año aunque esto no merma la llegada de turistas. El lugar es enorme, tiene tres edificios muy próximos entre sí que albergan las fosas de las excavaciones. Fuera no hay ni una sombra en la que resguardarse de la solana pero, afortunadamente llevábamos los paraguas que compramos en Nepal para protegernos del sol. Ashish nos había aconsejado llevar siempre un paraguas con nosotras para protegernos de la lluvia en el bosque y en la montaña, de los insectos de los árboles y del sol . A partir de ese momento se convirtió en un elemento imprescindible en nuestras mochilas.

ESP= Guerreros de terracota ENG= Terracota warriors

Aunque hayamos visto las excavaciones cientos de veces en la tele o en exposiciones, la visita no defrauda. Dicen que es la octava maravilla del mundo y no es para menos.

Recomiendan visitar primero las fosas 2 y 3 y dejar la 1 para el final porque es la más impresionante, pero nosotros empezamos por la 1 y nos gustó igual. La primera sensación es que entras en una especie de circo lleno de turistas, la mayoría chinos, deseosos por ver y fotografiar a las figuras. Es difícil encontrar un hueco en la barandilla para asomar la cabeza sin que te empujen pero cuando lo consigues se te olvida todo lo que hay alrededor y el esfuerzo se compensa con la impresión que provoca ver a miles de guerreros en filas delante de ti. El lugar es sobrecogedor.

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Fosa 1

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Se cuenta que un pastor descubrió las primeras figuras cuando excavaba un pozo de agua en este lugar.

Las figuras de terracota representan al ejército de Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada (221 a.C.), quien mandó construirlas para que le protegieran en su tumba. Por ahora han aparecido unas 8000 figuras de soldados, caballos, carros, además de arcos, lanzas, ballestas y espadas. Los soldados están todos uniformados dependiendo de su rango, llevaban pintura de colores y son todos diferentes. Utilizaron diferentes moldes para las caras y el cuerpo que combinaron hasta la saciedad.

Pero lo que más llama la atención es la cantidad de figuras que siguen enterradas y las que están en proceso de restauración. Es un trabajo “de chinos”, nunca mejor dicho. Las figuras están muy deterioradas porque la estructura de madera que las protegía se quemó y quedaron sepultadas durante siglos por lo que los trabajos de restauración son una auténtica artesanía que durará años.

ESP= Guerreros de terracota ENG= Terracota warriors

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Fosa 2

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Caballo a medio extraer en la fosa 2

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Proceso de restauración de las figuras

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Restauración de piezas en el museo

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Dos muestras de pelo de las figuras

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Cuando acabamos la visita nos invitaron a comer en un restaurante cerca de su casa donde volvimos a probar esa rica ensalada fría de cacahuetes, tiras de tofu, pepino, judías verdes y vinagre acompañada de agua caliente. Después entramos en una tienda donde vendían mesas y otros muebles hechos a partir de troncos de árboles con formas muy originales. Nos sentamos durante un buen rato con la dueña que nos invitó a tomar un té rojo delicioso que preparaba una y otra vez siguiendo el mismo ritual: sacaba el té de la tetera y lo pasaba a un recipiente con un filtro para después verterlo en una jarrita que servía en nuestras tazas. Creo que de tanto mirarla nos hipnotizó y cuando pienso en aquella escena recuerdo a esta mujer como la diosa del té.

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