En el trópico australiano

Antes de llegar a Australia no tuve la oportunidad de leer el fantástico libro de Brian Bryson, En las Antípodas, dedicado a este continente. Si algún día se os ocurre pasaros por allí, cosa que deberíamos hacer todos al menos una vez en la vida, es muy recomendable leerlo antes. Es irónico y divertido, y os dará muchas pistas que os servirán para entender el país y a los australianos. Y sabréis lo que os espera en Darwin, el primer sitio sobre el que pisamos suelo en Australia.

Nunca habríamos reparado en Darwin si no fuera porque desde Bali se encuentran chollos para volar hasta allí. Es un destino muy popular entre los australianos porque tiene un clima tropical todo el año y suelen ir allí de vacaciones locas. Decidimos que una vez dentro del continente podríamos buscar una granja cercana para trabajar de voluntarias y movernos  por allí, quizás acercarnos al centro, a Alice Springs y a la montaña sagrada de Uluru, pero no encontramos nada. Las granjas por el Territorio Norte no necesitaban a nadie y una vez allí nos dimos cuenta de nuestra ignorancia sobre la inmensidad del país. Las distancias son realmente enormes y lleva días viajar de unas ciudades a otras en tren o autobús. Así que decidimos buscar trabajo en Sydney y pasar tres días en Darwin con Celia, una amiga que estaba en un congreso en Melbourne y se venía a pasar con nosotros el fin de semana.

Llegamos muy tarde al albergue. Compartimos taxi desde el aeropuerto con un chico estadounidense, un alemán y un australiano que nunca había visto a un español. Cuando nos preguntó de dónde éramos se quedó perplejo mirándonos y no dejaba de repetir: “¡Guau! Es la primera vez que me cruzo con españoles. No he visto nunca ninguno por aquí. Y en otras partes de Australia también es raro ¡Guau! “.  Me sentí como si estuviéramos viendo por primera vez un animal exótico de la fauna australiana, solo que esta vez el animal exótico éramos nosotras.

En el albergue enseguida nos encontramos con Celia y nos preparamos para salir a cenar algo. Pronto nos dimos cuenta, con una gran decepción, que la calle principal (no parecía que hubiese muchas más calles en realidad) era una sucesión de discotecas, bares ruidosos y hoteles feos. Los bares y las calles estaban llenos de chicos en su mayoría muy tatuados y muy borrachos, y chicas muy arregladas y muy borrachas también. Esa no era la Australia que habíamos imaginado. Después de cenar volvíamos hacia el albergue cuando vimos un lugar donde parecía haber un ambiente tranquilo y agradable, con música en vivo, y decidimos entrar a tomar algo. La decisión no pudo ser más acertada. Tomamos una cerveza y al poco rato estábamos bailando al son de la música con un grupo de chicos muy simpáticos que resultaron ser militares de Nueva Zelanda. Al parecer estaban allí haciendo unas prácticas y a conocer a sus colegas Australianos. Uno de ellos, un chaval muy agradable que era igualito al actor Matt Damon, nos contó maravillas de su tierra y nos dejó con unas ganas terribles de visitar su país.

Al día siguiente, partimos en un coche alquilado rumbo al Parque de Litchfield, a unos 130 km al sudeste de Darwin. El parque estuvo habitado por aborígenes durante miles de años pero ya no queda ninguno por allí. Como en el resto de Australia, los aborígenes han quedado confinados en unas cuantas reservas. Los pocos que viven en las ciudades, como en Darwin, se pasean por las calles como momias deambulando sin rumbo y con la mirada perdida. Dicen que no se han adaptado a la sociedad. Lo que está claro es que tienen un gran problema con su integración y que a los australianos les incomoda mucho hablar sobre este tema. No se les ve en las tiendas, ni en correos ni trabajando en ningún otro lugar. Para los turistas ni existen si no fuera porque a veces los encuentras tirados en las calles. Bill Bryson cuenta cosas muy interesantes sobre ellos en su libro, que ha ido averiguando en sus viajes por el país.

Litchfield es un destino muy popular para los turistas que van a pasar el fin de semana a bañarse en las bonitas cascadas y pozas del parque, cuando no hay cocodrilos, porque hay épocas del año que te saltan a la yugular cuanto menos te lo esperas. Hacía un calor insoportable y los pocos árboles y hierbajos del parque por donde pasábamos parecían totalmente secos.  Pero al llegar a las cascadas la naturaleza cambiaba, se volvía verde y refrescante y lo pasamos en grande chapoteando bajo el agua. Por la noche dormimos en una cabaña en un albergue muy bonito cerca de la entrada del parque y al día siguiente visitamos otras cascadas y unas termiteras gigantes a lo largo del camino. Volvimos a la ciudad muy contentas pero con pena de que Celia tuviese que coger el avión de vuelta a Melbourne esa misma noche.

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Nuria y Celia en una de las minicascadas del parque

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Muchas familias se acercan a pasar el fin de semana

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Atardecer en el parque de Litchfield

El último día en Darwin lo pasamos visitando el centro histórico. Cuando conseguimos un mapa y vimos que aquella calle-ciudad tenía un centro histórico nos lanzamos a explorarlo. Fue una aventura interesante; primero descubrimos que la ciudad tenía más de una calle y que había vida más allá de los garitos nocturnos: tiendas, algún supermercado e incluso vimos un colegio. Parecía muy diferente a lo que habíamos visto la noche anterior. Y constatamos que gran parte del llamado casco histórico son cuatro muros que sobrevivieron los desastres del último siglo. Caminando hacia el mar llegamos a la zona del puerto donde encontramos restaurantes, tiendas, un parque con una laguna artificial lleno de gente tomando el sol y un muelle. Al parecer el mar es muy peligroso y está lleno de tiburones por lo que la gente va a bañarse a la laguna.

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Christ Church, inglesia anglicana reconstruida en 1976 después de que el ciclón Tracy destruyera la original

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Escultura de un Mokuy, un espíritu según la creencia del pueblo Yolngu. Obra del artista Nawurapu Wunungmurra

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Exposición de fotografía en las ruinas del ayuntamiento

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A caminar

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Vista del puerto y la laguna artificial

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¡Que vienen los cocos!

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Uno de los agradables restaurantes del puerto

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Pasarela del muelle

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El muelle

Darwin es una ciudad de la que nadie conoce casi nada pero que tiene una historia reciente interesante. Ha sido destruida en dos ocasiones en los últimos sesenta años. El 19 de febrero de 1942, casi dos semanas después de que los japoneses atacaran Pearl Harbour, fue bombardeada también por sorpresa por el mismo batallón. Según la información que leímos en el muelle, en el primero de los dos ataques cayeron más bombas que en el de Pearl Harbour y también se hundieron más barcos. Murieron más de 240 personas y la ciudad quedó destruida en su mayor parte.

Pocos años después, en 1974, el ciclón Tracy golpeó sus costas matando a 74 personas y destruyendo el 70% de los edificios de la ciudad. Hubo que evacuar a unas 30.000 personas. Este ha sido el peor desastre natural que se ha vivido en Australia. Es mucha destrucción en tan pocos años.

Después de empaparnos de tanta historia y sudando la gota gorda volvimos al albergue con un solo objetivo en mente: tirarnos a la piscina. Creo que nunca he disfrutado más un baño que en aquella charquita aquel día.

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Placa que recuerda el bombardeo de Darwin por los japoneses en 1942

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Vista del mar en el enorme puerto natural de la ciudad

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One thought on “En el trópico australiano

  1. Hola viajeras!! Qué nostalgia leeros. Yo estuve hace unos años en Australia y Nueva Zelanda y recuerdo que me encantó el libro de Bryson. Os recomiendo ir a Nueva Zelanda, es espectacular tanto la isla norte como la sur. Allí los aborígenes, al contrario que en Australia, que tan solo se les ve borrachos por las calles o en guetos, están integrados y representan un pueblo encantador: son los maoris. Los ves en la administración, regentando negocios…Australia, su historia, parece el resumen de los horrores de la humanidad compilada en dos siglos. No obstante es enormeeeee, más grande que Europa, y hay lugares extraordinarios. Nosotros estuvimos un mes viajando por el sur. mi cuñado vivía entonces en Melbourne. Pero me quedo con Tasmania y con NZ. Besos y contarnos más.

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