Bienvenidos a Kaosmandu

La verdad es que no sabía qué íbamos a encontrarnos en Kathmandu pero tampoco imaginé que aterrizábamos en la ciudad del caos. Por las calles sin aceras caminan los transeúntes, motos, coches, camiones, bicicletas, animales y turistas sin aparente orden y en plena lucha por ver quien pasa primero y sale vivo del intento. Lleva unos días acostumbrarse y cuando lo haces estás ya cansado de la contaminación y el ruido ensordecedor de las bocinas de los coches que no paran. A medida que avanzan los días empezamos a descubrir la belleza de esta enorme ciudad y de sus habitantes, los remansos de tranquilidad que esconde y los detalles minúsculos que la embellecen en cada rincón.

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Por la noche se venden cosas bastante extrañas, desde cabezas de cordero hasta pescado que no sabemos de donde sale.

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Thamel es el barrio turístico donde se encuentran la mayoría de los hoteles y restaurantes. Es fácil perderse por sus calles llenas de tiendas de artesanía y ropa de montaña. Aquí llegan muchos montañeros de camino a las expecidones del Everest y el Anapurna aunque en esta época del año no hemos encontrado demasiados turistas. Es la época del premonzón y de vez en cuando se pone a llover que parece que se va a romper el cielo. Cuando eso ocurre corremos a refugiarnos a nuestro restaurante favorito, el “Black Olives Cafe”, un remanso de paz atendido por unos chicos encantadores donde se come muy bien, ponen buena música y puedes conectarte a Internet. Hemos pasado bastantes ratos en este café preparando el viaje y escribiendo.

La comida nepalí es muy rica y variada, y es fácil encontrar restaurantes de comida india y china debido a la gran influencia e inmigración procedente de estos países. En las zonas turísticas también se encuentra comida europea, pizzas y hamburguesasa precios muy asequibles. El plato nacional nepalí es el Dal Bhat, que en su forma más básica se compone de un plato de arroz cocido acompañado de un curry de verduras con patatas ligeramente picante y una sopa de lentejas con especias. El snack más típico son una especie de empanadillas picantes rellenas de carne, verduras o queso llamadas Momo que pueden prepararse hervidas o fritas. Los sitios que más nos gustan aparte del Black Olives son las pequeñas cantinas locales, donde casi no hablan inglés y es difícil enterarse de lo que ofrecen en el menú. Así encontramos una cerca del hotel que nos encanta en la que descubrimos la paratha, pan de trigo relleno de verduras, queso o carne parecido a los naans indios, que preparan en un horno delante de ti. O las judías o verduras acompañadas de pan (roti), o los noodles (chowmein) fritos con verduras. Deliciosos.

La comida es muy barata, por unos 3 euros comen dos personas, aunque si quieres una cerveza bien fría tendrás que pagar casi lo mismo que cuesta una comida (en el barrio turístico). ¿Nuestra preferida? La nepalí Star Gold y claro está, la nuestra, San Miguel. ¡Olé!

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Dal Bhat

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Ensalada de berenjenas ahumadas, tomate, cebolla, aceitunas y yogur acompañada de mango o plátano

Momos hervidos de verduras con salsa picante

Momos hervidos de verduras con salsa picante

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¿Alguna idea de lo que es esto?