Templos, estupas y cordilleras

Nepal es un país con 26 millones de habitantes en el que conviven diferentes etnias, razas, culturas y religiones. Es un ejemplo de tolerancia y armonía. Hinduismo y budismo son las dos religiones principales, que se mezclan en muchos casos en la zona del valle de Katmandú, aunque también hay una pequeña población musulmana y algunos cristianos.

La religión impregna todas y cada una de las actividades diarias de la gente. En cada rincón se encuentran grandes y pequeños templitos improvisados, ofrendas de flores y velas. Los símbolos tienen una gran importancia. Paseando por las calles a cualquier hora uno se topa con hombres y mujeres realizando sus ritos en busca de bienestar, prosperidad y la salvación del alma.

ESP=  ENG=

Templo que descubrimos por casualidad en una plaza de Katmandú

ESP=  ENG=

Ofrendas y rituales

ESP= ENG=

En Nepal hay numerosos lugares sagrados y de peregrinación. Para los hinduistas el templo más famoso y venerado es el de Pashupatinath, a la orilla del río sagrado Bagmati, en Katmandú. Desafortunadamente, los turistas no pueden entrar al templo pero se pueden visitar las zonas aledañas. Como ya os comentamos en una entrada anterior, nos quedamos sin verlo porque el precio nos pareció excesivo.

El que sí visitamos fue Swayambhunath, también conocido como el templo de los monos. Está en una colina desde la que se ve toda la ciudad, cuando la capa de contaminación lo permite. Para llegar hay que atravesar el barrio tibetano, un barrio agradable lleno de colegios internacionales y caserones, y una vez alcanzado el recinto hay que subir los 365 escalones que llevan al templo. Sin duda, merece la pena el esfuerzo.

ESP=  ENG=

Templo de los monos

ESP= ENG=

ESP= ENG=

Como son sagrados tienen piscina

El valle de Katmandú es un tesoro que contiene monumentos, templos y monasterios de una gran riqueza artística y arquitectónica. Siete de ellos han sido clasificados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, entre ellos las tres plazas reales o “Durbar Square”: una en el mismo centro de Katmandú, otra en Patan (barrio de Lalitpur) y la tercera en Bhaktapur, a las afueras de la ciudad. Las tres son una maravilla, no solo por la belleza de sus monumentos sino porque allí los nepaleses van a pasear, celebran sus fiestas, se reúnen en los mercados, contemplan lo que sucede en la plaza y son pura ebullición y alegría.

ESP= ENG=

Gente pasando la tarde en la Durbar Square

ESP= ENG=

Gente sentada en un templo de la Durbar Square

La plaza de Katmandú es la más grande y bulliciosa. Nos gustaba entrar y sentarnos en lo alto de algún templito a contemplar lo que pasaba más abajo. Puedes pasarte horas sin darte cuenta. Pero la de Patan es sin duda la que más nos impactó. Está llena de templos bellamente decorados por artesanos Newari, los habitantes originarios del valle. Tuvimos la suerte de estar allí la noche de la celebración del nacimiento de Buda y había grupos de mujeres que iban vestidas con saris del mismo color y llevaban velas encendidas, preparadas para salir en procesión por la ciudad.

ESP= ENG=

ESP=  ENG=

El barrio de Patan tiene un encanto especial. Según algunos registros históricos, era la ciudad más antigua del valle y se anexionó a Katmandú a medida que esta última fue creciendo pero eso no ha impedido que preserve toda su autenticidad. Es un placer pasear por las calles típicas, con tienditas diminutas, banderas de colores y templos en cada esquina. Ya entrada la noche y de regreso al hotel pasamos por el Templo de Oro, otra de sus maravillas. A esas horas estaba cerrado pero en su interior se veían luces. Alguien nos vio mirando entre las rejas y vino a abrirnos la puerta y nos invitó a pasar. Al entrar nos quedamos estupefactas por la belleza del sitio. Toda la decoración era de madera y oro, estaban representados los dioses del hinduismo y había espejos, una barandilla de madera y un patio central donde estaban sentadas un grupo de personas rezando y celebrando el nacimiento de Buda. No nos atrevíamos ni a movernos para no molestar pero entonces se levantó otro hombre y empezó a explicarnos el significado de las figuritas y a preguntarnos quiénes éramos, con esa amabilidad que les caracteriza y que te hace sentir como en tu casa. Cuando terminaron de rezar repartieron unas galletas con un arroz amargo con leche, muy rico. No sabía si nos lo daban para ofrecérselo a Shiva o para comérnoslo pero cuando miré a Nurita era demasiado tarde, ya le había hincado el diente a la primera galleta con arroz. Después nos acompañaron a coger un taxi de vuelta y nos invitaron a volver al día siguiente. ¡Tan simpáticos!

ESP=  ENG=

En uno de los miniportales de Patan

ESP= ENG=

Una calle del barrio de Patan

ESP= ENG=

ESP= ENG=

Patan Durbar Square

ESP= ENG=

ESP= ENG=

Uno de los templos de Patan Durbar Square visto desde el Museo

 ESP= ENG=

ESP=  ENG=

Patan Durbar Square

ESP=  ENG=

Niños tocando los tambores en un patio de Patan

ESP=  ENG=

Ceremonia nocturna en el Templo de Oro, Patan

ESP= ENG=

Casa con decoración típica newari en Bhaktapur

ESP= ENG=

Arquitectura típica, Bhaktapur

ESP= ENG=

ESP=  ENG=

Patio típico, Bhaktapur

ESP=  ENG=

Y para finalizar, como no pudimos ver las montañas en Langtang por el mal tiempo decidimos ir a probar suerte a Nagarkot, un pueblo a unos 30 kilómetros de Katmandú desde donde hay unas vistas increíbles de los Himalayas, cuando el tiempo acompaña. El recorrido hasta allí es bastante bonito y muy verde pero el pueblo parece construido para que los turistas ricos se dejen la pasta en hoteles de lujo que les permita ver las montañas al amanecer. Nos costó encontrar un lugar honesto donde alojarnos pero mereció la pena. Encontramos un restaurancito donde probamos una cena deliciosa (con chinches incluidas, que me dejaron el culo muy perjudicado) y aunque las nubes no nos dejaron ver más que una silueta tenue de las montañas nos encantó la vista y la excursión por los alrededores que hicimos al día siguiente. Y así, con las ganas de volver para visitar otros sitios maravillosos de este país, nos despedimos de Nepal.

ESP=  ENG=

Vista de la cordillera del Himalaya desde Nagarkot

Advertisements

De Durbar Square al niño murciélago

Kathmandu tiene una gran facilidad para sorprenderte, sobre todo cuando  has leído poco de la ciudad y no tienes ninguna expectativa. Al menos es lo que me pasó a mi hace unos meses cuando la visité por primera vez.

Dentro de esos rincones mágicos que te deja con la boca abierta está la “Kathmandu Durbar Square”, una de las tres plazas del valle de Katmandú declaradas patrimonio mundial por la UNESCO. Contiene más de 60 monumentos importantes, la mayoría de los siglos dieciséis al dieciocho, y está muy cerca del barrio de Thamel. En el lugar se concentran un gran número de templos y de vida social.

Una de las cosas más interesantes de ver es el mercadillo que se monta en el suelo de la plaza, así como el tráfico de coches tratando de esquivar todo lo que se pone por delante.  Uno puede subirse a cualquiera de los templos y quedarse unas cuantas horas viendo pasar la vida. Es imposible aburrirse: unas señoras preparan té con leche a los lugareños que charlan al pie de los templos, algunos venden comida, los vendedores colocan los limones con mucho esmero en sus puestos de verduras, otros ofrecen colgantes a los turistas  y también se venden  flores naranjas en muchos puestos, bien sueltas o en forma de collar. Y todo esto “amenizado” con el sonido de un tráfico infernal que recorre la plaza de una esquina a otra.

_MG_1484

El trasiego de la plaza visto desde uno de los templos

ESP=  ENG=

Mercadito en la base de uno de los templos

ESP=  ENG=

Flores para ofrecer a los dioses

De regreso al hotel nos encontramos con una escuela de pintura y entramos a visitarla. Conocimos a la maestra Tsering Lama que nos estuvo explicando muchas cosas acerca de la técnica para pintar mandalas. Estos cuadritos tienen un significado muy profundo para los budistas ya que los usan para meditar. En ellos se representan los distintos niveles que hay que atravesar para llegar al nirvana, el estado de máxima felicidad y paz. Las obras tienen muchos detalles y los más finos se pintan con un pelo de yak. Tardan una media de un mes en acabarlos. Los artistas sólo pueden firmar sus obras después de 10 años de formación, que es cuando se convierten en maestros. Tsering Lama nos mostró dos tipos: el mandala tradicional y el mandala creado por el Dalai Lama o Kalachakra (rueda del tiempo o ciclo de la vida). Todos eran impresionantes. Nos quedamos con la boca abierta por los detalles, la perfección del acabado y la variedad de colores y modelos.

La maestra Tsering Lama nos muestra sus mandalas

La maestra Tsering Lama nos muestra sus mandalas

_MG_1437

Mandala tradicional

Para terminar, no podemos dejar de comentar que conocimos al niño murciélago. Este personajillo atiende en un puesto de fruta. Nos quiso tangar vendiéndonos manzanas a precio de oro mientras nos miraba con ojillos de murciélago ( hay que verlo, no se puede describir con palabras). Al final le devolvimos la fruta, pero cada vez que pasamos por su tienda nos asomamos  para ver si esta durmiendo colgado de alguna viga.