Pasando el ratus en Lombok

Llegamos a Indonesia haciendo noche en el aeropuerto de Changi en Singapur. La verdad es que podríamos escribir una entrada completa acerca de este aeropuerto ya que es una pequeña ciudad en sí mismo: tiene piscina, un jardín y todo tipo de tiendas. En plena madrugada, mientras dormía en un sillón del aeropuerto, escuché una voz en sueños que me decía: “Nuri, el pasaporte”. Abrí los ojos y vi a Susi rodeada de tíos con metralletas y uniformes. Estaban buscando a alguien y, afortunadamente, no era a ninguna de nosotras.

La idea original era trabajar en un colegio de Yakarta pero llegamos justo al inicio del Ramadán y estaba cerrado, así que no tuvimos más remedio que irnos de vacaciones. Aconsejadas por un indonesio que conocimos en Nepal nos fuimos a la isla de Lombok, un pequeño paraíso cercano a Bali. Nos alojamos en un hostal muy modesto y con mucho encanto llamado “La casa homestay”. Los dueños son Michelle, un francés que lleva 30 años viviendo en Indonesia, y Nia, una mujer natural de Lombok, siempre sonriente y muy simpática. Ambos tienen una nena de dos años llamada Celine, un amor de cría con la que hicimos muy buenas migas.

La casa homestay parecía realmente nuestra casa. Nia y Michelle nos cuidaban mucho y se preocupaban de que estuviéramos bien. En la habitación de al lado se alojaba un señor de Australia al que acompañaba Christina, una mujer de Indonesia con la que también confraternizamos. Ah, y también conocimos a Wayan, un indonesio muy macizo que trabajaba en el hostal y que nos deleitó con más de un momento “coca- cola light” mientras trabajaba en el jardín.

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Patio central de la Casa Homestay

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La pequeña Celine (Foto @Nuria Huélamo)

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Michel, Nia, Nuria y Wayan

 Pasamos unos diez días muy relajados en Lombok, yendo a la playa y degustando platos típicos de la zona. Tan sólo fuimos un día a Senggigi, la ciudad más turística de la isla que estaba a 15 minutos en transporte público. Paseando por esta ciudad nos llamó la atención un cartel en un centro de belleza en el que ofrecían un servicio llamado ”ratus vagina”. A la vuelta preguntamos a Christina qué era y ella, muy sería, nos miró y dijo: ¿sabéis lo que es una vagina? Después de recuperarnos del ataque de risa, Christina nos explicó que en Indonesia es común preparar una infusión con distintas hierbas y colocarlas en una silla con un agujero en el centro. Las mujeres se sientan en la silla mientras los vapores aromáticos suben hasta su vagina y la limpian y perfuman. Y, claro, yo concluyo que debes pasar un buen “ratus” ahí sentada y por eso el nombre de este servicio tan peculiar.

El último día en Lombok nos fuimos a pasear por un camino cercano al hostal desde donde se veía el mar y la puesta de sol. El paseo nos permitió visitar tanto zonas residenciales con casas de lujo como pobladitos muy auténticos donde la gente vive en pequeñas chozas muy modestas.

Al día siguiente recogimos nuestras cosas bajo la atenta mirada de Celine y nos marchamos a Bali en barco.

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