Ashish, Shiva y el trípode en concierto

Hace unos días estuvimos caminando cerca de Pashupatinath, uno de los templos hindúes más importantes del mundo dedicado a Shiva. No llegamos a entrar porque nos pedían 10 euros que nos parecieron excesivos para nuestro presupuesto.  En vez de visitarlo por dentro nos fuimos a un parque  cercano y pudimos explorarlo todo desde lo alto de una loma. A la bajada nos metimos por un callejoncito cercano al río y nos encontramos con un lugar sagrado donde se venera a Shiva y Parvati ( su señora esposa). Un chico se nos acercó y nos empezó a explicar el origen del  templo y las celebraciones que tenían lugar en algunos días señalados.

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Parque cercano a Pashupatinath

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Haciendo amigos en el templo

El chico en cuestión se llama Asish y es todo un personaje. Estudio en un cole de pasta en Kathmandu, se licenció en diseño gráfico y , en vez de emigrar a Estados Unidos como muchos de sus compañeros, decidió dejarlo todo y dedicarse a cuidar a sus vacas. Tiene una educación exquisita, habla un perfecto inglés y sabe de todo. Un auténtico intelectual nepalés, vaya.

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Ashish

Hace unos días hubo luna llena y, según nos contó Ashish, ese día se celebra un concierto en honor a Shiva en el templo que visitamos, así que decidimos acercarnos. Llegamos a eso de las siete y media y ya de lejos pudimos escuchar el sonido inconfundible del sitar. Cuando entramos vimos un escenario muy colorido con el dios Shiva como protagonista del mural de fondo y en él interpretaban un tema dos músicos, uno a la percusión y el otro al sitar. La música te llevaba directamente a Oriente y parecía que iban a salir serpientes de nuestras mochilas.

Mientras Susana y Ashish colocaban cámara y trípode en un lugar estratégico, me quedé escuchando a un nuevo grupo que se colocaba en el escenario. Estaba compuesto por un cantante, un percusionista y un tipo al armonio. El cantante empezó a entonar canciones con un aire entre flamenco y árabe, algo bastante exótico aunque un poco raro para nuestro oído acostumbrado a otras escalas. Susana se perdió toda la actuación: el trípode se quedo cojo y tuvo que arreglarlo en la zona más sagrada del templo, rodeada de campanas, flores y el dios Shiva convertido en Piedra.

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Shiva convertido en piedra en la zona más sagrada del templo

Finalmente subió al escenario el último grupo de la noche. El líder era un percusionista que, según nos contaron, improvisaba encima de una secuencia musical que tocaba en el armonio. Junto a ellos una mujer tocaba un instrumento gigante parecido a un sitar pero con un sonido imperceptible a nuestros oídos (solo sabíamos que estaba tocando porque movía la mano). Si queréis saber como sonaba esta música, es mejor que escuchéis el vídeo que grabó Susana una vez arreglado el trípode con l a inestimable ayuda de Shiva, claro.

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En concierto

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