De “pas” y “chus”

En los últimos días de estancia en la granja Susi informó a la señora Wang de que en algún momento queríamos celebrar una fiesta para despedirnos de los chicos. La señora Wang sonrió, preguntó que dónde y dijimos que en la granja. Ahí quedo la cosa. A las cuatro de la tarde, Niu Miao nos informó de que la señora Wang había ido a comprar viandas y bebida para celebrar la fiesta esa misma noche. A eso se le llama “tenel muchas ganas de malcha”.

A las siete de la tarde teníamos la mesa del porche llena de comida muy sabrosa y de cerveza, muy fría para nosotras, y del tiempo para los chicos. En un momento dado se propuso jugar a un juego que consistía en llenar un cuenco con cerveza, tirar unos dados y, dependiendo de lo que saliera, beberse la cerveza o no beber nada y pasar el cuenco al de al lado para que tirara los dados. Nos explicaron que lo peor era que te saliera un ocho o un nueve (que se dicen “pa” y “chu” en chino) ya que uno tenía que  beberse la mitad o todo el cuenco, respectivamente. Si salía un siete, uno rellenaba  el cuenco para volver a tirar y arriesgarse a bebérselo entero o dejárselo lleno al siguiente jugador. Nos pusimos a jugar en la mesa.  Yo debo decir que  al principio jugaba sin entender muy bien la filosofía del juego: que perder consistiera en beberse  la cerveza no acababa de comprenderlo. En fin, será mi espíritu cervecero de San  Blas city…En mi defensa diré que Susi es de Vallecas y tampoco lo pillaba…

Después de muchas rondas y muchos gritos, el juego quedó así: la perdedora indiscutible fue Gao Ling, que sacó pas y chus por un tubo (sin exagerar, el 98 por ciento de las veces) y se pilló una “glan tajada”. Muy de cerca quedó la que suscribe, que al final no veía el cuenco de tantos chus. Y la clara vencedora de la noche fue Susi, y la más sedienta: ¡no sacó ni un ocho ni un nueve en toda la noche! Eso sí, tuve que rellenarle el vaso de tapadillo varias veces para que no se quedara sin probar la cervecita.

Andábamos todos bastante achispados cuando la señora Wang dijo: “¡sacad  la guitarra!”. Y en cinco minutos estábamos improvisando un karaoke en el salón. Me dieron un libro de partituras con canciones en chino. Yo tocaba los acordes de canciones que nunca había oído y ellos cantaban por encima. El momento cumbre fue cuando Mrs Wang pidió su canción favorita: Edelweiss. Sí, sí, la misma que el Barón Von Trapp cantaba  a sus churumbeles en “The sound of music” mientras Sor María le miraba con cara de pánfila. Pues marchando una de Edelweiss pero en chino, claro. La señora Wang lo dio todo y, si Sor María la hubiese escuchado, la peli habría terminado de otra manera. Luego se atrevieron con el “Himno de la alegría” y alguna que otra balada romántica, y es que hemos descubierto que a los chinos les encanta la canción melódica. Y así, entre canciones y risas, fuimos cayendo de uno en uno hasta que no quedo nadie despierto.

Vídeo de Gao Ling y la señora Wang dándolo todo

Gao Ling y la señora Wang dándolo todo

A la mañana siguiente nos levantamos a las siete como todos los días. Gao Ling apenas dijo dos palabras mientras inoculábamos bolsitas con semillas de setas y, a la hora del descanso, me la encontré frita en el sofá del salón.

Y así fue como la señora Wang nos organizó  una de las mejores fiestas de despedida que recuerdo.

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La despedida

Three, two, Wang!

¡Ya estamos en China!  En concreto, en la ciudad de Xian, provincia de Shaanxi. Ha sido un shock dejar Katmandú con su suciedad y contaminación para llegar a nuestra primera escala: Chengdu. Al bajar del avión nos encontramos un aeropuerto reluciente con osos panda de peluche en posturas comprometidas decorando distintas estancias. No conocíamos esta ciudad pero según supimos después es uno de los centros logísticos y financieros más importantes del país. Y se nota porque en el aeropuerto hay glamour. Nos ha sorprendido ver a todo el mundo como si fueran a salir de fiesta, las chicas con minifaldas muy cortitas y taconazos se pasean por la terminal como si fueran estrellas de cine preparadas para grabar su próxima escena. Y nosotras con nuestras pintillas, escondidas en un rincón para que no se nos vea demasiado, comiendo un bocata de sardinas en lata.

Después del choque de esta nueva realidad y tras recoger el equipaje nos dirigimos a la salida entusiasmadas con ese momento que habíamos esperado desde hacía meses, cuando contactamos por primera vez con la que sería nuestra anfitriona en Xian. Y allí estaba ella, una mujer chiquitita y glamurosa con un cartel que decía: “Welcome  wwoffers, Nuria and Susana from Spain”: ¡la señora Wang!

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Conocimos a Mrs Wang hace tres meses a través de la página de WWOFF en China. Dirige una granja a las afueras de Xian donde se producen setas para cultivo y consumo. Mientras nos subíamos en el coche con el que fue a recogernos, junto a su amigo y abogado, nos contó que a su granja llega bastante gente para iniciarse en el mundillo de las setas. Después de un trayecto de media hora llegamos a nuestro destino, en un barrio a las afueras de Xian, donde nos recibieron unos chicos bastante jóvenes que trabajan para ella. Allí nos dejaron y la señora Wang se despidió de nosotros hasta la mañana siguiente. Era ya muy tarde y en la oscuridad, Niu  Miao, el único que habla un inglés fluido, nos mostró nuestra habitación, la ducha y los baños y nos explicó que de hecho, estábamos en la granja, donde viviríamos y trabajaríamos junto a ellos. Estábamos tan agotadas después de un largo día de viaje que no preguntamos más y nos fuimos directas a dormir.

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Nuestra habitación

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Nuestro amigo

A la mañana siguiente nos despertamos con un novedoso desayuno: un bocata de lombarda (sí, sí, de lombarda) y los nueve chicos que trabajan allí (5 chicos y 4 chicas). Fue un encuentro muy divertido, era la primera vez que nos veíamos las caras y tras las presentaciones no conseguíamos pronunciar sus nombres, así que tuvimos que perdirles que los escribieran en la pizarra que habían colgado estratégicamente entre nuestras habitaciones y la cocina. Así que, señoras y señores (redoble de tambores), les presentamos a la gran familia setera:  Niu Miao, nuestra conexión con el exterior gracias a su inglés y a su paciencia. Men Ke, nuestra cocinera mas habitual y la mas listilla de la banda. Gao Ling y Wang Hui, las chicas más soñadoras y coquetas de la granja. Yaolei, el más inquieto y dueño de la guitarra que nos ha brindado grandes momentos.  Ding Xin Long, el más tímido y detallista, y Su Yu kun, el más desinhibido y pelín cotilla. Y, finalmente, Feng Wen Chi (alias Gua Pi To), el  más novato, y Wei Wang, la jefa de la banda.

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El horario de trabajo en la granja es de ocho a doce de la mañana y de dos a seis de la tarde, con una pausa de dos horas para comer y descansar. El trabajo está muy bien organizado. Hay unas cinco actividades distintas y todas tienen su momento y espacio (que explicáremos con más detalle en la sección de voluntariado). Los chicos trabajan muchísimo y nosotras nos hemos acoplado a las distintas actividades siguiendo sus instrucciones. Son muy meticulosos con el trabajo y les preocupa que todo esté bien hecho. No nos extraña que tengan muchos clientes.

En cuanto a las comidas, la señora Wang les abastece con distintos productos que ellos se encargan de cocinar. Las preparan en muy poco tiempo, son comidas sencillas y la verdad es que está todo riquísimo. Nos hemos acostumbrado a desayunar pan chino con repollo, lombarda o patata y a almorzar y cenar noodles (a veces arroz) con verduras y tofu a la plancha con salsa de soja. Ellos siempre toman sopa como postre, algo que a nosotras nos sorprende ya que hemos tenido días con más de cuarenta grados y el cuerpo nos pedía una sandía fresquita. Sin embargo, a ellos les sorprende que tomemos el agua y la cerveza frías porque según Gao Ling, las cosas frías te destemplan el cuerpo. Por las noches, a eso de las nueve, desafiamos a los mosquitos y nos juntamos en  la mesa del porche para comer pipas, uvas, sandía o lo que se tercie antes de irnos a dormir. Tienen pipas de muchas variedades y sabores, riquísimas. Cada día nos asombra descubrir la cantidad de cosas en común que tenemos con ellos, y también lo distintos que somos. Por cierto, los mosquitos siempre ganan.

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Pan para el desayuno

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Un remedio chino excepcional para las picaduras de mosquitos que nos regalaron nuestros amigos

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Nunca pensamos que estaríamos tan bien en este sitio. El trabajo es intenso pero interesante porque cada día aprendes algo nuevo y por las tardes podemos ir a bailar, a jugar baloncesto y al ping pong o a ver cine en la cancha, que es multiusos. Además, los chicos son muy simpáticos y amables, están pendientes de nosotras en todo momento y nos reímos mucho. La señora Wang es una mujer con un dinamismo y una capacidad asombrosa para llevar la granja. Después de pasar dos semanas con ellos les hemos tomado mucho cariño y nos va a dar mucha pena irnos de aquí. Dejaremos atrás a unos buenos amigos.